Desarrollan unas lentillas que controlan la glucosa en sangre

No hace mucho hubiera parecido ciencia-ficción, pero unas lentillas capaces de controlar la glucosa en sangre van a ser una realidad en breve. Se trata de un tipo de lentes de contacto que, además de ofrecer información mediante realidad aumentada (RA), controlan los niveles de glucosa en sangre de aquellos enfermos que padecen diabetes.

Microsoft y el laboratorio ParvizMicrosoft y la Universidad de Washington están desarrollando una solución que sin dolor permite vigilar los niveles de glucosa a través de las lágrimas en lugar de la sangre y de este modo proporcionar la información al paciente de inmediato.

Estas lentes de contacto son un desarrollo de la tecnología llamada interfaz de usuario natural (NUI). La lentilla NUI reemplazaría a los exámenes de sangre y proporcionaría información en tiempo real de los niveles de glucosa e insulina del usuario.

El dispositivo permite al paciente reaccionar rápidamente, por ejemplo, tanto al aumentar el consumo de insulina o comer un caramelo para elevar su nivel de azúcar en la sangre.

Una lentilla con radios y antenas
El laboratorio Parviz, con experiencia en la fabricación de una gran variedad de lentes de contacto, ha integrado pequeñas radios y antenas que permiten enviar y recibir información a través de radiofrecuencia. Además, ha incluido un sensor de glucosa en la lente de contacto.

En definitiva, se trata de utilizar todos estos elementos para desarrollar una lente de contacto que monitorice constantemente el nivel de glucosa en la sangre, registre la información y sea accesible por el médico que atiende al paciente.

Pero el alcance de este dispositivo puede ir más allá de salud. Las posibilidades de aplicación son infinitas. Las lentillas podrían indicar las direcciones posibles al moverse por u edificio o mostrar información específica (no escrita en el envase) en los artículos de un supermercado.

EP

El cerebro se hace hipersensible a los sonidos que escucha en las primeras etapas de la vida

La ciencia ha venido a demostrar que no era cierto el llamado ‘efecto Baby Mozart’ (que el feto se ve afectado por los sonidos y músicas que escucha en su gestación). Sin embargo, los sonidos que rodean al niño en sus primeros años si pueden apurar su sensibilidad en uno u otro sentido.

Según investigadores del Instituto de Neurociencias de Castilla y León (Incyl), el cerebro se vuelve hipersensible a lo que escucha en las primeras etapas de la vida. Los investigadores han concluido un estudio en ratones que ofrece nuevas claves sobre los efectos de acostumbrar al cerebro en las primeras etapas de crecimiento a escuchar cierto tipo de sonidos.

El estudio muestra como estos animales se vuelven hipersensibles hacia los sonidos a los que han sido expuestos gracias al importante papel que juega en este proceso el colículo inferior del cerebro.

Bajo la corteza cerebral
Todo ello puede tener importantes implicaciones prácticas en el caso del ser humano, por ejemplo, en el aprendizaje de idiomas, que resulta mucho más efectivo en niños de corta edad.

Habitualmente, muchos neurocientíficos consideran que la mayor parte de las funciones importantes del sistema nervioso ocurren en la corteza cerebral. Pero, la corteza cerebral es una parte pequeña del cerebro y hay otras como el colículo inferior que, según este trabajo, también está muy relacionada con otros muchos aspectos clave de la audición.

Aunque no han podido demostrar si el fenómeno tiene su origen exactamente en esta parte del cerebro, lo que sí han descubierto es que las neuronas subcorticales (entre ellas, las del colículo inferior) son capaces de mantener o desarrollar esa sensibilidad al estímulo al que se ha sometido a los animales.

Aprender idiomas o tener oído musical
Según explican, cuando se estimula a algunas neuronas por medio de un sonido concreto, las neuronas que están al lado modifican su posición y todas en conjunto se ‘resintonizan’ a una frecuencia concreta.

Si este hecho se traslada al caso del ser humano, se encuentra la explicación a fenómenos como la especial sensibilidad de los músicos para los sonidos.

De la misma forma, este fenómeno tiene implicaciones en el aprendizaje de idiomas. Un niño en edad de aprender un lenguaje absorbe el idioma con una facilidad tremenda y no sólo las palabras o la gramática, sino también la pronunciación. Este periodo de aprendizaje podría situarse entre los tres y los ocho años.

EUROPA PRESS

Los alimentos con mucha grasa pueden dañar el cerebro

En los últimos años se han realizado grandes avances en nuestra comprensión de cómo el cerebro controla el deseo de alimentarse, y también sobre los procesos que subyacen en el equilibrio de la ingesta y el gasto de energía.

Sin embargo, poco se sabe acerca de cómo la obesidad llega a alterar estos procesos. Y ello pese a que el número de personas que sufren de una o más de las complicaciones adversas de la obesidad, como la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardíaca, aumenta rápidamente.

Hasta ahora, los fármacos diseñados para tratar la obesidad han demostrado una eficacia limitada, y se han asociado con efectos secundarios graves. Esto se debe, en gran parte, al entendimiento limitado de los efectos de la obesidad en los mecanismos naturales de control de peso corporal.

Ahora, dos grupos independientes de investigadores han generado datos que empiezan a abordar cómo la obesidad llega a alterar estos procesos. Sus conclusiones aparecen en un artículo publicado en el Journal of Clinical Investigation.

Las neuronas perdidas son las que controlan el peso
Un equipo de investigadores dirigido por Michael Schwartz, de la Universidad de Washington (EE UU), ha observado que, en los seres humanos y los roedores, la obesidad se asocia con daño neuronal en un área del cerebro crucial para el control de peso corporal (el hipotálamo).

Tras un experimento con ratones, observaron que se perdían neuronas, concretamente las que se cree que protegen al organismo del aumento de peso. Según Schwartz, las lesiones sufridas por culpa de la obesidad no significan daño cognitivo; es decir afecta al control de nuestro peso pero no a las funciones superiores del cerebro.

Por otro lado, un segundo equipo de investigadores del Centro Médico Beth Israel Deaconess (EE UU) ha determinado que el volumen de las células nerviosas del hipotálamo es inhibida por la obesidad.

20MINUTOS.ES/AGENCIAS