La mejor identidad es el cuerpo y sus señales

La biometría es un medio que se impone como medida de seguridad que permite saber que una persona es quien dice ser a la hora de realizar transacciones o entrar y salir de un lugar.

Las huellas de los dedos, las palmas de las manos, el iris, la retina, la cara, la voz, la forma de escribir en el teclado, la manera de andar, la firma… cada uno de estos factores están asociados a una sola persona.

Todo esto constituye la ciencia de la biometría y es la forma de identificación más segura, el mejor carné de identidad.

Pueden convertirse en la puerta de entrada o la reja más segura.

Estos identificadores todos los conocemos, hace años que nos son familiares por las películas, por los reportajes sobre investigación forense y empezamos a encontrarlos en algunos lugares como el gimnasio o el móvil, pero también están en el control de las fronteras o en las máquinas de la policía para cambiar la contraseña del DNI en algunos países.

Con la biometría se puede luchar contra la creciente sofisticación de los ciberdelincuentes, capaces de hacerse con todo tipo de contraseñas y nombres de usuarios y que son una permanente amenaza para las cuentas de las entidades bancarias.

Estas entidades no revelan los elevados datos de fraude, pero sí son muy activas a la hora de llevar la innovación a la identificación de sus usuarios.

Por ejemplo, recientemente el español Bankinter ganó un premio internacional por su aplicación para el celular, con la que confirma la identidad de un cliente mediante la lectura del iris del ojo utilizando la cámara del teléfono.

Pero, sin duda, la huella digital es la que está más desarrollada, primero porque es la que lleva la cédula y después por ser el primer sistema biométrico que entró en los computadores hace ya algunos años.

En la actualidad empieza a utilizarse también en algunos teléfonos móviles como puerta inicial de entrada a la interfaz de usuarios.

Tampoco es raro utilizar este sistema de identificación en ciertos lugares públicos, como los gimnasios o servicios de salud, aunque, en muchas ocasiones, con importantes lagunas.

La asimilación de la huella digital a la investigación forense hace que todavía veamos con desconfianza este método y la preocupación crece según se incrementa el grado de sofisticación del sistema.

Se puede identificar a una persona también por las líneas de la palma de la mano, por la estructura de las venas de los dedos o las muñecas, por la forma de las orejas, de la piel, y, como no, por el rostro… y Google ha introducido ya está última posibilidad en su nuevo móvil Nexus Galaxy.

También se puede escanear la retina para identificar el patrón de los vasos sanguíneos, que son únicos para cada persona.

En estos sistemas tiene que haber alguna colaboración del sujeto, pero también hay otras posibilidades biométricas sofisticadas como la clásica de la firma, el reconocimiento del patrón de escritura en un teclado o la forma de andar e, incluso, de la voz que permite identificar a terroristas cuando leen comunicados encapuchados, siempre que se tenga el registro de su voz.

El rastro de ADN que vamos dejando es muy fiable, pero todavía excesivamente caro y de lectura no inmediata.

Medio de control
Empresas y entidades de seguridad apuestan por la utilización de estos sellos de identidad, solos o combinados, como tarjetas inteligentes, claves de encriptación o firmas digitales.

La utilización más corriente es como puerta de entrada a edificios, pero también pueden ser usados para el control de presencia de los empleados en el trabajo con un nivel de eficacia más alto que los actuales fichajes, que pueden ser suplantados por un compañero.

En la actualidad, los Gobiernos están muy interesados en las aplicaciones para las fronteras, en principio para controlar la entrada de personas no gratas.

Pero hay otros campos en los que comienzan a abrirse paso como los centros de atención telefónica para identificar por la voz a los clientes; como contraseñas para los medios de pago, para el control parental o para el ingreso y uso de Internet de los más jóvenes.

EL MANEJO DE LOS DATOS
Sin duda los nuevos sistemas incrementan la seguridad y son una garantía para los ciudadanos a la hora de demostrar que son ellos los que realizan una transacción, pero la inquietud es quién controla al controlador, cómo se utilizan los datos, y si se usan como forma de seguridad o de discriminación.

Las empresas del sector señalan que son sistemas de control cómodos, que reducen el coste de mantenimiento de sistemas y el fraude, además, mejoran la imagen corporativa. Pero muchos ciudadanos ven con cierta desconfianza esta actividad, temen el robo de sus datos biométricos o su utilización indebida.

portafolio.co

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